Anastasia salía cada mañana a dar un paseo por los alrededores de la finca Grey, y a su regreso, en el despacho de Carrick, hacía que revisaba algún manuscrito, para evitar que le preguntasen, porque lo que ocurría es que , no tenía muy claras las respuestas. Desde una cabina llamaba a sus hijos cada día, y cada día daba una evasiva al preguntarle cuándo iba a regresar, sin que sus respuestas fueran convincentes para los chicos, extrañados que nunca hablara con su padre, por mucho que éste les dijera que lo hacía desde la oficina.
- Ana, ¿aceptarías mi compañía en tu paseo?
- Naturalmente, Grace. Así se me hará más corto el camino. No sé porqué no lo hemos hecho más veces
Y las dos mujeres salieron a pasear. Charlaban amigablemente, pero llegaron a un punto conocido por Grace y hacia allí encaminaron sus pasos.
- Te enseñaré mi lugar favorito. Allí me siento y paso un largo rato, a veces leyendo, y otras escuchando el murmullo de la Naturaleza.
-Grace,¡ esto es precioso ! y rezuma paz y es cierto puedes escuchar lo que la Naturaleza te dice
- Me alegro que te guste. Descansemos unos momentos. Ven siéntate aquí
Se sentaron, y Grace con la franqueza que la caracterizaba, tomo las manos de Anastasia y, mirándola fijamente la dijo.
-Ana, querida, sabes que eres como una hija para mi, y no deseo inmiscuirme en vuestros asuntos, pero intuyo que algo grave ha ocurrido para que tú estés aquí, y Christian aún no haya aparecido ni llamado por teléfono´. De modo que cuéntame lo que ha pasado
Había algo extraño en todo ello que no le encajaba. Ana pensaba que su hijo se había acostado con Elena, ¿ Cómo es que había vuelto a verla ? ¿ En Nueva York? ¿ En una cafetería ? ¿ Que la había mentido y que la había recompensado nuevamente?. No podía ser posible. El amaba a su mujer y no haría algo así. Le llamaría por teléfono y conocería la otra versión. Se apiadó de Ana que lloraba sin consuelo. Abrió sus brazos para que se refugiase en ellos y trataría de calmarla con dulces palabras de apoyo y cariño. Pasaron unos minutos y mirándola a los ojos la dijo:
-Ana querida, Christian te adora, no podría vivir sin ti. Pienso que todo es un cúmulo de malentendidos que deberá explicar con amplitud, aunque pienso que debió decírtelo y no mentir respecto a la duración de su estancia en Nueva York. Pero también es posible que fuera porque por teléfono decir: " me quedo tres días más porque estoy organizando la vida de Elena", sería imposible de digerir. De modo que voy a llamarle y me contará lo ocurrido. No es que dude de lo que me has dicho, sino que trato de arreglar vuestra situación. Obraré con astucia. Me presentaré en su oficina y haré que me invite a comer. Después me las arreglaré para hablar con él.
- No Grace, no lo hagas. La verdad es que ya no me quiere como al principio, se ha acostumbrado a mi...,eso es todo
-Ana, Ana. El respira por ti ¿ cómo puedes decir que ya no te quiere? ¿ Confías en mi ?
- Claro Grace. Estoy aquí. Me siento unida a ti, siempre me has tratado como a Mia. ¡ Oh Grace ! ¿Por qué ha pasado todo esto ?
-Mi querida niña. La vida es complicada y más aún la hacemos los humanos. Christian debió ir con la verdad por delante. Tiene un gran corazón, y sus buenos sentimientos le perdieron. Hubiera sido distinto si se tratase de otra persona, pero ella... Creo que tienes razón: dejó a propósito el señuelo, y tu has caído en él. A mi también me hubiera pasado, pero no te preocupes: todo se arreglará. Los chicos ¿saben algo?
- No les hemos dicho nada, pero se imaginan que por una simple discusión no nos separamos. - Grace abrazó tiernamente a Anastasia, que se refugió en ella rompiendo a llorar de nuevo..
Al día siguiente de la conversación, Grace se vistió elegantemente y se dirigió a la ciudad, advirtiendo que posiblemente se quedase a dormir en casa de Christian. . Llegó ante el imponente edificio de las oficinas Grey, y haciéndose anunciar, salió a recibirla un Christian extrañado de su presencia allí:
- ¡ Mamá ! ¿ Cómo tú por aquí ?
- He venido a visitar a una amiga enferma y he pensado que me invitases a comer
-Por descontado, y además muy contento de hacerlo juntos
- ¿ Por qué no llamamos a Anastasia para que se reúna con nosotros ?
- Ven mama, entra en el despacho. - La condujo hacia su despacho y allí la dijo:
- Verás mamá... Anastasia y yo... estamos enfadados y en estos momentos no es lo más indicado para una reunión familiar
-¿ Qué os ha pasado? Siempre habéis hecho las paces en el día. Algo grave debe ocurrir para que no quieras que comamos juntos
-Es complicado
- Cuéntamelo. Tengo todo el día libre. Así que cancela todo lo que tengas para hoy, y dedícamelo - Christian se la quedó mirando con ternura y descolgó el teléfono interior llamando a su secretaria
- Andrea, cancele por favor todo lo que tenga para hoy
- No hay nada de particular, así que lo haré como me indica. - Tomó a su madre del brazo y tras besarla en la frente salieron del edificio.
- Creo que para mayor tranquilidad, y puesto que es largo lo que he de contarte, mejor vamos al Escala. Allí estaremos solos y nadie nos interrumpirá. Si vamos a casa, los chicos podían enterarse y es algo que sólo a Ana y a mi interesa. Ellos están al margen de nuestras diferencias.- Y hacia Escala, se encaminaron.
Al llegar al edificio, y ante una copa de vino, Christian fue contando a su madre todos los acontecimientos ocurridos tras su encuentro con Elena. Y concluyó:
- Y lo más grave de todo, mamá, es que se ha marchado de casa sin decir a dónde iría, y no sé dónde está. Llama a los chicos y les dice que está en un pueblo de nombre muy raro, pero pienso que no desea decir donde verdaderamente se encuentra. Me está volviendo loco no saber por dónde anda, y si regresará a casa, si volveremos a ser como antes, en fin si nuevamente tendremos la complicidad que siempre hemos tenido. La echo de menos muchísimo.. Me arrepiento enormemente de lo que hice; creí que sería una buena acción
- Y lo era hijo, pero no debiste mentirle. Y ahora llévame a casa
- Se nos ha hecho un poco tarde. Quédate en casa y mañana te llevo
- No querido. Tengo un marido que también me echa de menos - Christian rió y abrazándola entraron en el ascensor
- Todo pasará, hijo mio, todo pasará. Os amáis, es lo importante, ya lo verás.- Tendrás que llevarme otro día mi coche, lo dejé aparcado en tus oficinas
- Te lo llevaré. Vamos en uno mio.








































